La tecnología arruinó mi vida
Tan plenamente convencido de ello, vivo cada día que pasa…
La tecnología me idiotizó aún más si cabe que las demás cosas efímeras del mundo metálico y electrónico en el que pasamos la vida.
La tecnología acabó con mi curiosidad brindándome todas las cosas bellas y horribles al alcance de mi mano.
La tecnología hizo que todas las cosas perdieran su valor, y ya nada fue necesario conservar, porqué la tecnología me permitió tenerlas en gran “ente” artificial siempre disponibles.
La tecnología acabó con mi creatividad, ya que permitió que brotes inspirativos crearan artificiales paisajes autoprogramados, con sus correspondientes factores de aletoriedad activada.
La tecnología se llevó mi amistad, porqué basé mi vida en ella y en sus conexiones sensoriales virtuales.
La tecnología acabó con mi investigación porqué ya todo estaba descubierto y todo estaba a la disposición de la idiotez humana, la mía y la de nadie.
La tecnología acabó con mi poesía y mis reflexiones, porqué ya estaba todo expresado, porqué ya estaban marcados todos los caminos, porque ya sabía de la existencia de cualquier otro sentimiento, que ahora ya no era mío, si no de otros que lo descubrieron y lo publicaron.
Ahora tengo toda la información, ahora sé todo lo que hay que saber, ahora puedo hacer y deshacer porqué sé de todas las ciencias, artes, estilos, culturas, pasiones…
Ahora lo sé todo pero ahora ya no soy nadie