El joven sin valor y el Maestro
Cabizbajo, el joven se dejó caer junto al anciano, que meditaba, bajo un frondoso roble.
- ¿Puedo hablar con usted, maestro?
El viejo, amablemente, respondió:
- Por supuesto, mis puertas están abiertas para ti siempre. Dime lo que te atormenta porque veo que tu corazón sufre.
- Sufro porque dice mi padre que soy un inútil, porque mi jefe desconfÃa de mi capaciedad, sufro porque todo lo que hago parece que lo hago mal. Mientras otros, esforzándose menos, son aplaudidos, yo me debato entre las dudas y los miedos que me atenazan, y mis trabajos no sirven, no gusta lo que digo ni lo que pienso.
- En esto no puedo ayudarte. Nadie puede decidir por ti, ni otro puede asumir tus dudas. Pero ya que estás aquà sà puedes ayudarme. Quisiera que fueras al mercadillo del pueblo y vendieras esta sortija por más de 100 monedas. ConfÃo en tus dotes de negociación.
A las dos horas volvió el joven aún más deprimido que antes.
- Maestro, he comprendido que tienen razón los que desconfÃan de mÃ. No he podido vender tu sortija, sólo me han ofrecido 20 monedas. Perdóname y adiós.
- ¡Espera! -dijo el sabio-. Necesito urgentemente dinero y sólo tengo mi sortija. Negocia con el joyero Rabà y pÃdele el precio que estarÃa dispuesto a pagar e incrementa en 100 monedas más, y no vengas hasta lograr esa cifra, pero no se lo vendas.
- ¿Acaso quieres burlarte de m� Eso es imposible.
- Tú vete y haz lo mejor que sepas el encargo.
Al poco rato volvió alborozado:
- ¡Maestro, es increÃble! Me ha ofrecido 2.000 monedas y al subir yo a 2.100 él ha aceptado sin discutir.
- Joven, los del mercadillo desconocÃan el verdadero valor de la joya y no han aprovechado la oportunidad de poseerla, pero el joyero hubiera pagado gustoso mucho más que 2.000 monedas. No confÃes tu valÃa a quienes no saben tasar a las personas. Mira en tu interior e intenta poner precio a tu dignidad: ese será el valor que debes negociar en el mercdo de la vida.